Si nos juntamos fue para contar una historia, y ésta tiene que tener los aditamentos necesarios: introducción, nudo y desenlace.
El Bardo - teatro estudio - es un espacio cultural que desde el año 2000 ha realizado varias puesta teatrales en la Ciudad de Buenos Aires. Este emprendimiento fue impulsado por el actor Edward Nutkiewicz, propuesta compartida por Alejandra Bonetto y Alfredo Noberasco con quienes constituyó un equipo de trabajo.
Nos conocimos y nos reconocimos, compatibilizamos después de muchos encuentros y desencuentros. Los inconvenientes nos pusieron a prueba, la diversidad de opiniones nos enriquecieron. Pero el placer es más fuerte, ese es el desenlace anunciado.
La historia de un grupo siempre es una historia de amor, y nosotros nos enamoramos del teatro de autor, y de la teatralidad como modalidad expresiva.
Dios los cría, y el viento los junta: es un lugar común. Y nosotros encontramos un lugar común para poder despuntar nuestras inquietudes. Hoy podemos decir que marcamos una identidad, reconocida en el tramado de ofertas teatrales de nuestra ciudad.
El Bardo nació como una impronta ante la necesidad de hacer producciones de teatro basadas en autores y en textos a los que habitualmente no nos convocaban, o si lo hacían partían de su propia concepción teatral.
Nació, como ya dijimos, de esa carencia que muchos actores sentimos de ser creadores de nuestros propios proyectos, y de poder ejercer la libertad de experimentar y encontrar un estilo propio.
Cuando hablamos de un estilo o estética no intentamos cerrar otros modos de acceder a los textos, sino que entendemos que el autor -cuando convoca- es quien nos dispara la imaginación para construir el como de un proyecto.
Dostoievski fue la piedra basal, luego vino Ibsen, Lewis, Kosinski, Duras, Strindberg. En cada propuesta estos autores nos demolieron el alma, exacerbaron nuestra sensibilidad, y nos regodeamos en el placer de recrearlos, respetándolos con impertinente admiración.
Nuestra historia como grupo surge espontáneamente al identificar una forma de hacer teatro, en la que nos sumergimos desde lo más dionisiaco de nuestras potencias artísticas. Si pudiéramos definirnos, lo cual es imposible porque hacemos del cambio y la búsqueda nuestro objetivo, podríamos decir que nos identificamos con un estilo expresionista, una fascinación por la organicidad, desde las entrañas de la pasión, para luego acceder a la técnica como método para ordenar nuestra bacanal expresiva.
Ciertos modos teatrales como el naturalismo, lo conceptual, abstracto, minimalista y despojado son discursos estéticos instalados en el ámbito teatral: no nos disgustan. Pero el desborde de la expresión, las máscaras, la expresividad, la poesía desgarradora de los textos de grandes autores, nos enamora e hipnotiza.
El Bardo es una historia arrebatada al corazón para sublimar nuestra locura y poder expresarla con belleza, energía, método y mucho respeto al público. Nuestro objetivo es que el público común no se aburra viendo teatro, y al no hacerlo pueda disfrutar esos autores magníficos, que modifican por su intensidad. Tan sencillo y complejo como eso. En estos años evitamos regodearnos en autocomplacencias intelectuales que enajenan al espectador. En ese sentido, instituimos al espectáculo como premisa, haciendo del vestuario, la escenografía y las luces un lugar fundamental en la producción.
Nosotros anhelamos construir magia, y deseamos que la ficción envuelva al público como a nosotros. El teatro es un mundo real en la ficción. Y la magia, la belleza (que puede ser lo feo y degradado) tiene que transportarnos a ese mundo, en donde podamos sublimarnos y sublimar nuestra cotidianeidad. La vieja y siempre renovada catarsis griega, para producirse, tiene que ser una mentira maravillosa y tan creíble como un cuento de niños, contado con fantasía.
Así empezamos en el 2000, mirándonos, y viendo qué podíamos hacer: decidimos trabajar juntos. Algo hicimos.
Sobre nuestras producciones:
La diversidad de líneas de sentidos es lo que trabajamos tanto en El Jugador de Dostoievsky, en el que el juego es la metáfora de nuestra condición humana, como en Un enemigo del pueblo de Ibsen, obra de fuerte crítica sobre la hipocresía que atraviesa la sociedad. Fueron nuestras primeras producciones, quisimos generar preguntas no dar respuestas.
Con este criterio abordamos uno de nuestros mayores desafíos: hacer de la fragmentación y la rebeldía de la novela gótica una versión teatral. El monje de M. Lewis, que convocó nuestra imaginación por la crítica a las instituciones desde la compleja poética que propone este género: el juego díscolo de la articulación entre texto e imagen, el abismo de lo inconsciente, y la libertad expresiva. No fue difícil ser irrespetuosos con los irrespetuosos, en ese sentido fuimos fieles a Lewis.
Desde el jardín de Jerzy Kosinski, estreno mundial en teatro de la novela que fuera llevada al cine y protagonizada por Peter Sellers, es una ácida crítica a los medios en tono irónico que nos replantea el valor de la mirada en nuestras sociedades mediatizadas. Esta obra nos llevó un enorme esfuerzo de producción por la característica de la puesta (proyector, televisores, DVD, pantalla, muebles y vestuario de época). Intentamos exigir a esta producción de autogestión una calidad superadora en cuanto a los requerimientos escenográficos y de vestuario. La obra lo pedía, y nosotros quisimos empezar a trabajar en producción con la misma exigencia que lo hacemos en lo artístico.
Creemos que el teatro independiente debe ofrecer también, más allá de la realidad económica, una oferta atractiva que con creatividad y esfuerzo pueda superar las limitaciones poducidas por los impedimentos estructurales que se identifican con el teatro no comercial. Uno de nuestros objetivos es hacer posible el mismo nivel de puesta, y calidad de producción que se presenta en teatros oficiales o comerciales. En ese sentido, Desde el jardín logró ese objetivo.
Luego presentamos Mal de muerte de M. Duras, una poética existencial, compleja, que por su estilo decidimos ofrecerla los días lunes. Con esta obra propusimos la modalidad de un día diferente a la oferta teatral. Actualmente está en cartel Danza Macabra de Strindberg, obra de gran potencia dramática que ha tenido una excelente repercusión en nuestro medio.
No pretendemos ser pretenciosos, sólo intentamos proponer en nuestro espacio la reflexión y el análisis, sin dejar de lado la conmoción y la calidad estética. Esas premisas teatrales nos impusieron un desafío que no esquiva el debate o la crítica, pero que apunta a las emociones y la imaginación.