El Equipo

Edward y Alejandra

Qué

El Bardo es un término que remite a varias significaciones: por un lado es un epíteto del trovador, con el que se refiere al gran poeta y dramaturgo Shakespeare; también alude - en la religión budista- a un estadio previo a la reencarnación; por último, en el lunfardo señala un caos divertido o situaciones periféricas y complejas.

¿Qué es el Bardo? Un teatro. Algunos podrían ubicarlo como alternativo o independiente.

Nosotros preferimos decir que es un teatro. Llamarlo independiente tiene hoy una significación que se presta a cierta confusión. Quizás sea necesario reducir el campo de sentido de lo que entendemos por independiente: somos independientes de criterios estéticos instalados, de estilos de moda, o de ghetos intelectuales y círculos áulicos. Somos independientes al rescatar la mística que atravesó históricamente a este movimiento teatral. En cuanto a si somos alternativos, de algún modo somos una alternativa. Entre todas las alternativas posibles, somos una más.

Nuestra alternativa independiente es poder hacer las producciones que queremos hacer, actuar como entendemos este arte – o como lo vamos entendiendo- , y convocar a nuestros colegas para hacer el atávico acto de crear, hacer realidad la ficción.

El Bardo es para nosotros un espacio de caos creativo, dinámico, efervescente. Es un bardo crear con recursos siempre al límite, con carencias que nos fortalecen y con el desorden que nos ordena para construir con eficiencia, respeto y profesionalismo, un tipo de teatro que no queremos hacer sólo como autocomplacencia sino con un planteo ideológico, que permita el debate y la reflexión sobre nuestra condición humana, a nivel individual, interpersonal y social.

Los autores clásicos y contemporáneos que en distintos momentos hemos abordado son un claro indicio de que creemos en los grandes textos, pero no en el anquilosamiento de ellos. Nuestras adaptaciones, puestas y actuaciones siempre apuntan a una revisión desde la modernidad, actualizando el conflicto para hacerlo vivo hoy ante los ojos del siglo veintiuno. Creemos que esa es la mejor fidelidad al autor.

En esa línea de trabajo, sumamos las nuevas modalidades escénicas: la imagen, la corporalidad de actuaciones expuestas; puestas escénicas que reelaboren el material original, respetando la dinámica del ojo moderno Con la convicción de que los clásicos pueden ser leídos y disfrutados por todo tipo de público y a cualquier edad. Elegimos la claridad narrativa sin por eso quitarles la poesía, la complejidad, o la belleza del original.

Nuestro qué: hacer teatro de autor para que actores, directores y teatristas puedan transitarlos, y así expandir su creatividad al recorrer estos enormes textos que nos obligan a crecer. Pero siempre pensando que ningún placer teatral tiene sentido si no es compartido, vivenciado, disfrutado, y entendido por el público, único co protagonista del hecho teatral. Nosotros no tendríamos sentido sin ellos, y ellos construyen sentido si nosotros dialogamos con fluidez y placer.

Cómo

Preferimos la metáfora antes que el mensaje inmediato; el distanciamiento que nos acerca emotivamente al conflicto; la expresión que nos situa en lo teatral.

Cómo hacemos este teatro. Es una preguntamos que la fuimos respondiendo cada año, desde el 2000 en adelante. El azar siempre tramó redes para que las casualidades adquieran una lógica.

Y así el azar deja de ser azaroso: algunos de nosotros estábamos buscando esta necesidad de textos y autores, y esta locura de hacerlo con pasión. El cómo del Bardo es la pasión, en el sentido de la dificultad creativa para acceder al placer siempre extremo. Nuestro cómo, ese estilo que quizás nos defina, y con el que interpelamos a nuestros espectadores, está recorrido por la fuerza, y una energía  que elige la teatralidad como fundamento estilístico.

Rescatar lo teatral como estilo, retomarlo y renovarlo como concepto. Actuar en consonancia con esa estética, no tenerle miedo a la expresividad. Esto es un indicio estilístico, quizás sea la marca que nos diferencie de algo en boga en estos momentos, en que parece que cierto naturalismo se convierte en modelo estilístico ineludible.

Nosotros apuntamos a un expresionismo escénico, sin por ello descartar otros estilos, si la obra o las circunstancias escénicas así lo requieren. Creemos que es valioso sumar estilos no descartalos. Pero el teatro es teatro. La ficción asume la realidad para recrearla artísticamente. Nos interesa ser teatrales, nos gusta crear, componer, cuando actuamos.

La vida es una obra de arte pero el arte es la vida expresada, recreada, atravesada por las fuerzas ilimitadas de las representaciones catárticas de nuestras emociones. Qué sentido tiene el teatro sino sublimar nuestra cotidianeidad, exorcizando demonios y ángeles escondidos.

Esto lo hacemos con amor y con pasión. Seguramente todos lo hacen así, la diferencia está en el cómo. A muchos les gustará a otros no, y eso es la mejor recepción a nuestra propuesta. Lo más triste sería la indiferencia. Aspiramos a vuestra adhesión o enojo, y les agradecemos ambas actitudes. Esa es la respuesta que siempre esperamos, y que nunca es igual.

Porqué

Por qué existe El Bardo. Existe porque Edward el “Polaco” decidió no esperar a que lo llamen para hacer los autores y textos que deseaba, porque no quiso traicionar esas ganas de hacerlo con la libertad que todo actor quiere tener para acceder a ellos. Y porque Alejandra “Jani” tenía el mismo sueño y no encontraba dónde ni cómo poder manifestar y construir ese anhelo. Y porque Alfredo aspiraba a trabajar con la alegría que permite la unión de actores que deciden hacer teatro, y así transitar textos para los que difícilmente nos convocasen.

Cuando tres personas con las mismas afinidades y deseos, pero con visiones propias y aptitudes disímiles suman sus capacidades para crear algo, y lo hacen con el entusiasmo y la responsabilidad que esta actividad exige, el porqué deviene con claridad: la necesidad, esa carencia que es la potencia creativa.

Hacerse un lugar cuando no parece haberlo es una actitud que implica la acción. Sólo el trabajo y el deseo pueden responder un porqué. Pero también nuestro porqué tiene que ver con el otro, ese otro a quienes ofrecemos nuestro producto. Creemos que el público está esperando una oferta cultural diversificada. No pretendemos saber cuáles son las necesidades del público, pero si pensamos que hay un espacio en el mapa teatral en el que a ciertos autores ya no se accede, o se lo hace con una estética distinta a la nuestra.

Nuestra idea es continuar en esta línea de trabajo, entendemos que es una forma de contar los temas que atraviesan al ser humano en todos los tiempos, y nada mejor que hacerlo con las palabras y las situaciones creadas por autores cuya producción podemos considerar clásicos de la dramaturgia.

La corriente de público - del país o turistas - que hemos tenido en estos años de trabajo nos confirman que no estamos tan equivocados. A veces, se piensa que no hay público para determinadas elecciones estilísticas y de autores. La respuesta es que sí, sólo que la demanda está esperando ofertas variadas para hacerse oír.